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01/11/19

La moneda de plata



Un relato de Tena Alva (Ribadavia)
Esta es una narración novelada que fue realizada en el año 2010 después de conocer los hechos que acaecieron en la historia de las HERMANAS TOUZA DE LA VILLA DE RIBADAVIA, la cual fue publicada en un medio de comunicación en el año 2008. Los nombres son ficticios, tanto el de las hermanas que en realidad eran tres, y el del chico adolescente que ayudó al judío alemán Solomon a cruzar el rio MIÑO. En el caso del muchacho que aún vive, he de mencionar que en su día por casualidad lo encontré parado en la Rua de Santiago de la Villa de Ribadavia; charlando con él me comentó su historia, cuya referencia figuraba en el medio de comunicación publicado, y hurgando en su bolsillo me enseñó la MONEDA DE PLATA. Por lo tanto deseo que mi relato sea un homenaje a la memoria en la vida de este buen hombre y el de las Hermanas Touza, Justas entre las Naciones. “Quien salva una vida salva al mundo entero” Mishná 4:5


Sentado en el último banco de la estación del tren, con su sombrero calado, descansaba Solomon; los brazos cruzados le daban a su silueta una apariencia de descanso, estaba agotado; había recorrido muchos kilómetros hasta llegar a la Villa de Ribadavia cerca de la frontera portuguesa; su cuerpo no le respondía, por el poco alimento que tomaba; la desesperación de encontrar una salida en aquella locura persecutoria hacía los judíos en Alemania, le había llevado a emprender este viaje, quería llegar a Estados Unidos, pues creía que era el lugar más seguro, cualquier otro país europeo podría llegar a ser ocupado por los nazis, como así estaba ocurriendo, y la persecución seguiría incansable y destructiva.

Era finales del mes de Mayo de 1.941, el sol de la mañana era cálido, el verano estaba próximo, y ya empezaba a templar el ambiente, Solomon cerró sus ojos, eran de un azul intenso, su barba y su pelo eran casi totalmente blancos; y aunque solamente tenía cincuenta y seis años, su encanecimiento se había precipitado; todo ello debido a aquellos tiempos de angustia y desesperación, y sobre todo el desgarrador dolor por la muerte de su esposa cuyo corazón no pudo soportar tantas desgracias, y el de su único hijo, que había sido fusilado con tan solo veintinueve años, al no querer colaborar con los nazis en sus investigaciones como ingeniero aeronáutico.

A pesar de su sombrero y su gabán algo raído, Solomon delataba un aspecto señorial; la dulzura de los rayos del sol acariciaban su piel; se dejó llevar de aquel momento, lo necesitaba, trató de que su mente se quedara en blanco, sintiendo solamente el abrazo de la naturaleza, como un hado amable y desinteresado que inundaba su alma de un espíritu tranquilo y seguro.

En ese limbo se encontraba, cuando una sombra se acercó a su lado; abrió los ojos de repente; ante él, como si una aparición fuera, estaba una señora, su silueta era rodeada por la luz del sol, no percibía su rostro al estar a contraluz, la voz de aquella señora le pareció dulce y suave, no le entendía bien lo que le decía, pero su gesto fue preciso y decidido:

_¿Quiere Vd. un melindre?_, le dijo ofreciéndole el dulce recién hecho.


La señora era Dña. Luisa, regentaba el quiosco de la estación de tren con su hermana Manuela, vendían dulces recién hechos por ellas a primera hora de la mañana, bocadillos, bebidas, y también algo de prensa, aunque en esa época pocos periódicos se editaban en España.

Solomon le sonrió, y aceptó aquel dulce que olía a manteca y anís, y le respondió: _Grasias_, con su acento alemán.

Dña. Luisa insistió, el ofrecimiento del dulce era una excusa; mujer bondadosa, trabajadora y solidaria, había percibido en aquel hombre la desolación, y al ver que llevaba bastante tiempo allí sentado se preocupó pensando que se encontraba mal o perdido.

_¿Se encuentra Vd. bien?_, le dijo Dña. Luisa.

Solomon entendía muy poco el español, conocía alguna palabra, pero se perdía cuando tenía que entender una frase completa.

_Pardon, je ne comprends pas_, contestó en un francés también incipiente. Tenía que tener cuidado, España era segura, pero la situación para un judío alemán podría ser peligrosa.

_Merci, merci….._ continuó Solomon.

Dña. Luisa, mujer perspicaz, comprendió enseguida la situación de aquel hombre, y dados los tiempos que transcurrían sabía que Galicia era una de las salidas hacia ultramar y hacia Portugal de muchos refugiados judíos que huían de Alemania.



_Espere un momento, vuelvo dentro de unos minutos, por favor no se vaya…_, dijo Luisa, indicándole con gestos que volvía enseguida; se acercó al quiosco y habló con su hermana, alejándose después con paso apresurado.


Solomon no sabía que hacer, su espíritu de desconfianza siempre estaba alerta. En ese instante casi no había nadie en la estación, son esos momentos de intervalos en los que no se espera ningún tren. Aquella mujer transmitía bondad, tenía que arriesgarse, había pasado tantas situaciones, necesitaba ayuda, sus fuerzas no respondían y su cabeza ya no podía pensar.


Al cabo de unos quince minutos volvió a ver a los lejos la figura de la mujer, caminaba hacia la estación, venía hablando con un hombre; instintivamente Solomon se levantó, tenía miedo; la valentía que puedes tener a veces poco a poco se va esfumando, y ya no tienes fuerzas para afrontar las situaciones adversas.

Luisa se dio cuenta que Solomon se levantaba, entonces le dijo al acompañante que se quedara esperando en el quiosco, y ella se acercó hasta donde él estaba.

_Traigo ayuda, mi amigo Juan conoce varios idiomas, por favor, tranquilo, tranquilo…_, decía Luisa con un tono de voz cordial y de mujer segura de si misma.

Solomon la miró, sus ojos azules imploraban benevolencia, se sentía débil y desvalido, buscaba en aquella mujer una esperanza. Luisa le sonrió y delicadamente señaló hacia el quiosco donde estaba Juan, comprendía el temor de Solomon; a veces no son necesarias las palabras para entender la situación de una persona, Luisa lo sabía muy bien, en su puesto del quiosco de la estación durante tantos años, había visto ir y venir a gentes de todo tipo, estaba acostumbrada a percibir la sensación real de las mismas, pocas veces se equivocaba.

Solomon la siguió, le costaba dar sus pasos, no sabía lo que hacía, se dejaba llevar, aquella decisión sería vital, su mente arrastraba los pies como si fuera un ánima en pena. Luisa caminaba tranquila hacia el lugar indicado, de vez en cuando se volvía temiendo que Solomon no la siguiera. Llegaron al quiosco, el amigo de Luisa se acercó a Solomon, éste se detuvo, fue un instante, podía salir corriendo como quedarse allí; _ ¡sea lo que Dios quiera!_ , pensó, pero Juan el amigo de Luisa saludó a Solomon en un perfecto alemán, y aquello hizo que recobrara su confianza; pasearon por el andén los dos hombres mientras charlaban, manteniendo una conversación durante unos minutos. Después Juan se acercó a las hermanas y se metieron en el quiosco, como si tratara de explicarles algo que debería pasar desapercibido. Les informó entonces, que aquel hombre era un judío alemán, venía de Berlín, llevaba más de tres meses huyendo y viajando, quería pasar a Portugal para embarcar desde Oporto a Estados Unidos, y necesitaba que alguien le acogiera durante unos días mientras no pudiera pasar la frontera.


Luisa no se lo pensó dos veces, tendrían que tener mucho cuidado, pero su casa era la ideal, ya que no despertaría sospechas. Además del quiosco, Luisa y su hermana tenían un gran salón en el piso alto de su casa, en donde los fines de semana se celebraban bailes y entraba mucha gente. Lo llevarían esa misma tarde, porque era sábado, y la entrada al baile les ampararía pasando desapercibidos. El único problema era que su casa estaba justo enfrente de la cárcel del pueblo, a donde Luisa llevaba algunas veces comida a los presos, los tiempos en la España de la posguerra seguían siendo difíciles.


A partir de ese momento Juan, Luisa y su hermana juraron un pacto de silencio que duraría generaciones, aquello constituyó una vía de salida hacia la frontera y hacia la libertad de muchos judíos huidos de varios países de Europa. El primero fue Solomon.


Mientras éste estuvo oculto en casa de Luisa, la discreción fue total. Luisa pensó que para poder ayudar a esta gente necesitaba a dos personas más que pudieran trasladarlos o ayudarles a encontrar el camino; esas personas, que con Solomon se iniciaron en aquella red clandestina fueron: Manuel, taxista del pueblo, y José, pescador; todos gente de confianza plena de Luisa, no podía haber ninguna fisura.


Solomon estuvo varios días escondido. A mediados del mes de Junio, los días ya eran largos y cálidos, muchas noches la luna llena iluminaba con todo su esplendor el río Miño cuando salía a través de las montañas que rodeaban la Villa. Ese río era el que tenía que cruzar Solomon para llegar a la frontera portuguesa. Luisa habló con él y le dijo que aquel era el momento idóneo para realizar el viaje. Se puso entonces en contacto con José el pescador, el cual solía pescar de noche en el río las lampreas y anguilas casi hasta la madrugada, éste conocía la ribera del mismo como la palma de su mano. José salía siempre acompañado de su hijo, un joven de diecisiete años que ayudaba a su padre en la faena. Luisa y José consideraron que con el buen tiempo y el bajo caudal del río se daban las condiciones adecuadas para atravesarlo, y poder cruzar así a la otra la orilla hasta la zona portuguesa, tendrían que recorrer unos nueve o diez kilómetros río abajo.


Luisa y su hermana se despidieron de Solomon, llevaba en su mochila aquellos melindres recién hechos para el camino, y unas monedas de plata que Luisa guardaba desde hacía tiempo, y que le dio a Solomon, pues consideraba que las necesitaría para obtener el pasaje y comida durante el viaje. Solomon agradeció a Luisa toda la ayuda que había recibido, sus ojos se humedecieron, y Luisa le animó diciéndole:
_ No queda tiempo para los sentimientos, necesita las fuerzas para llegar a su destino, creo que Vd. hubiera hecho lo mismo por nosotras si hubiésemos estado en su situación, en el mundo todavía hay mucha gente solidaria que contrarresta la maldad de otros…._


Solomon le dio un abrazo a Luisa y a Manuela y salió a la calle. Eran las diez y media de la noche, José y su hijo le esperaban a unos metros, y así juntos caminaron tranquilamente hacia el río. Se encontraron a un vecino que también iba a pescar, les saludó, y la oscuridad de la noche hizo pasar desapercibido a Solomon.

Llegaron a la orilla recorriendo una parte del camino; al cabo de un rato, José les dijo a Solomon y a su hijo que él no debería continuar, tres personas llamaban mucho la atención, y tendría que pescar para no levantar sospechas. Su hijo Pablo conocía muy bien todo el recorrido, lo llevaba haciendo desde niño, José pensó que su hijo acompañaría a Solomon hasta el final del trayecto sin problema. Pablo miró a su padre, la obediencia y el respeto eran patentes, su padre era un hombre honesto, firme y trabajador, para Pablo era un ejemplo a seguir; no discutió, ni dudó de las palabras del mismo. Solomon se quedó viendo al muchacho y sabía que había en esa decisión algo importante: un adolescente sabe moverse por los caminos que conoce incluso mejor que un adulto, asintió con la cabeza y le dio un abrazo a José: _Grasias por todo_, le dijo. José le dio la mano y pensó: _¡qué valentía la de estos hombres que se enfrentan con la vida y luchan por sobrevivir!_, él lo comprendía, vivía en una tierra de emigrantes y entendía el desarraigo que se produce cuando dejas todo lo que quieres y te vas para construir una nueva vida; aunque las situaciones eran distintas, unos emigraban para salvar su vida y otros para encontrar económicamente un medio que les permitiera salir de la pobreza y prosperar, pero la mayoría de las veces siempre era en tierras muy lejanas.

Continuaron el trayecto, Solomon sabía que aún le quedaba un largo camino después de cruzar la frontera, pero aquella parada y nexo de unión entre España y Portugal era una bocanada de esperanza en su búsqueda de la libertad.

Pablo agarró por el brazo a Solomon, y le indicó por señas que fuera detrás de él sin apartarse un palmo, recorrerían la ribera del río Miño hasta la zona de estrechamiento y perfectamente vadeable a través de la cual pasaría al otro lado que era muy próximo al territorio portugués.

La luna alumbraba el agua, su reflejo les servía de guía, dando la suficiente luz para poder caminar.

Y así ayudados por la claridad de la luna, esa luna de aquella Villa acogedora que Solomon nunca podría olvidar, y que en tiempos muy lejanos sus ancestros la habían habitado durante siglos, hasta que en España también se les persiguió y expulsó.

_Somos un pueblo errante _, pensaba Solomon, _ ¿por qué perseguimos a los pueblos?_, ¿por qué se busca unos culpables para que el hombre poderoso tenga una excusa en sus acciones?, _ ¿por qué, por qué….?_. Solomon caminaba absorto en sus pensamientos, se acordada de sus clases de historia en la Universidad de Berlín; seguía a aquel muchacho que de vez en cuando le alargaba la mano para ayudarle a no resbalar en la orilla enfangada del río, ya que al estar resbaladiza podía provocar que cayera al mismo. Se pararon un momento para descansar y sentarse.

En el silencio de la noche solamente murmuraba el sonido de los grillos o el croar de alguna rana perdida entre las aguas. El chico lo miraba, él sabía que su padre le había encomendado una labor importante, llevar a aquel hombre hacia un lugar seguro, para poder pasar al otro lado del río; lo había hecho muchas veces en los meses de verano, caminaba lejos con sus amigos tratando de encontrar el sitio más adecuado para darse un baño, en un lugar donde las aguas fueran menos peligrosas y poder atravesar el río para cruzar a la otra orilla. Esta vez era algo especial, se sentía necesario en aquella situación, debía tratar de tener cuidado y llegar bien al lugar indicado, era todo un reto y su mente de adolescente maduraba sin darse cuenta como un árbol joven que se endereza buscando la luz del sol.

Pablo se paró de repente, había oído unas voces y una luz que se acercaban; se agacharon detrás de unas ramas, eran dos hombres que cargaban con su redes y sus cestos llenos de anguilas que acababan de pescar, iban tan absortos en su conversación que no repararon en aquellas dos sombras escondidas; dejaron que se alejaran y continuaron andando.

Llegaron por fin, después de más de cuatro horas de trayecto, al punto en el que el río se estrechaba, y unas rocas permitían poder pasar con menos dificultad, sin tener que internarse de lleno en sus aguas.

Salomón pensaba en Pablo, en su camino de vuelta; y en un esfuerzo en su parco conocimiento del español le solicitó al mismo:

_Vuelve despacio, despacio, tú regresar bien…._, y le dio un abrazo. El contacto con las personas a veces es necesario, quería trasladarle su agradecimiento sincero de esa forma. Finalmente Solomon buscó en su bolsillo, sacó una de las monedas de plata que le había dado Luisa, y se la entregó a Pablo; éste en principio la rechazó, le decía que no era necesario y que él la necesitaría para el camino.

Solomon insistió, y volviendo a realizar todo un alarde de expresión le dijo:

_Guarda la moneda por favor, llévala siempre contigo y me recordarás…_

Las pocas palabras que sabía se le habían ajustado correctamente a lo que quería transmitir a aquel muchacho, y sonrió pensando el esfuerzo que había realizado para construir la frase.
Pablo le agarró la mano y aceptó la moneda, se la llevó al corazón indicando que siempre lo recordaría, y volvieron a abrazarse con emoción.

Solomon empezó a atravesar el paso del río, despacio y con precaución, porque estaba muy resbaladizo. Tuvo que sujetar su macuto en alto y meterse en el agua hasta la cintura, pero no le importó, hacia calor y se secaría enseguida; hubo un momento que casi pierde el equilibrio, pero logro enderezarse. Pablo esperó en la otra orilla hasta que Solomon cruzó, y vio como éste con el brazo en alto le decía adiós.



A lo largo de los años Pablo ha llevado siempre su moneda de plata en el bolsillo, la toca, y piensa en Solomon. Nunca supo si éste llegó a su destino, pero en aquella moneda quedó para siempre su espíritu, que estaría cerca de Pablo y de su corazón.


.. Las historias no son lejanas ni antiguas, son tan actuales como nuestra memoria quiera acercarlas……


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Tena Alva, Ribadavia 2010


19/10/19

Acto de AGAI en Ribadavia sobre as Irmás Touza



Tiven onte o pracer de participar xunto a Alexandra Touza da presentación no Museo Sefardí de Ribadavia do seu libro: "Lola, Amparo e Xulia. As Irmás Touza" coeditado por AGAI. Un acto moi especial pola carga emotiva de ter lugar na vila, nas rúas e prazas onde as tres irmás Touza levaron a cabo o seu xeneroso e valente traballo clandestino que permitíu a centos de refuxiados xudeus salvar a vida en aqueles negros tempos negros do reino da barbarie do Holocausto.

Ribadavia e todos os galegos temos aínda unha débeda moral coas tres irmás Touza e o seu enorme exemplo de entrega, sacrificio, solidariedade e humanismo en días heroicos de chumbo en todas as Europas.

Unha lembranza tamén para o doutor vigués do Areal, Eduardo Martínez Alonso, quen dirixía a mesma rede clandestina na que eran pezas clave as tres irmás Touza e que desde a fronteira pirenaica axudaba a atravesar a dura España filonazi do franquismo vencedor na Guerra Civil, a incontables fuxitivos xudeus que soñaban con chegar a Portugal e voar cara á liberdade e a vida.

Quen salva unha vida, salva un mundo enteiro.
Un bico Lola, Amparo e Xulia

Pedro Gómez-Valadés
Presidente de AGAI




29/09/19

80 cabodano de Babi Yar




29 e 30 de setembro de 1941. Milleiros de mulleres, nenos e anciáns xudeus, son masacrados no barranco de Babi Yar, nas aforas de Kiev.

12/05/19

Presentación en Vigo: "Lola, Amparo e Xulia, as irmáns Touza. Unha historia de respecto, tolerancia e amor" de Alexandra Touza


A CASA DO LIBRO en Vigo acollerá o vindeiro mércores  15 de maio ás 11:00 da mañá o acto oficial de presentación do libro: "Lola, Amparo e Xulia, as irmáns Touza - LIBERDADE  e VALENTIA EN FEMININO - Unha historia de respecto, tolerancia e amor a vida". Un conto escrito por Alexandra Touza, directora de "Ponlle Cara ao Turismo", co apoio institucional da Asociación Galega de Amizade con Israel, a Deputación de Ourense, a Xunta de Galicia, Inorde e Executivas de Galicia. 

Este libro  narra a fermosa historia de LOLA, AMPARO e XULIA, tres mulleres de Ribadavia que guiadas só pola súa bondade, o seu amos polos seus semellantes e a súa valentía, conseguiron salvar da morte a centos de refuxiados xudeus que fuxían desesperados das gadoupas do Holocausto nunha Europa asolada pola II Guerra Mundial.

A entrada ao acto de presentación é libre.

10/05/19

Imaxes da homenaxe a Ania Horszowski en Caldas de Reis


Previo ao acto a placa cuberta coa bandeira galega.
 Discurso do Alcalde, Sr.Xoán Manuel Rey

 Descúbrese a placa e últimas paladas de terra na oliveira

 Imaxe da placa na Memoria de Ania
 Doazón á Biblioteca Municipal de libros de Ania sobre a Shoah

30/04/19

Encontro sobre o Holocausto con rapaces de Chantada




Magnífica a charla-coloquio sobre o Holocausto impartida hoxe martes polo noso compañeiro de AGAI, Andres Pavón no Instituto Val do Asma de Chantada.
O noso agradecemento á dirección do centro pola fermosa iniciativa e aos alumnos e alumnas polo seu interese e participación.



13/02/19

Descanse en Paz Ania Horzowski Z"L



Ania Horzowski, Socia de Honra da Asociación Galega de Amizade con Israel, naceu en Tarnopol, na Galitzia polaca, no ano 1921 e faleceu hoxe 13 de febreiro de 2019 en Caldas de Reis, na Galicia de Sefarad.

Durante a Shoáh estivo confinada no gueto de Lwow, onde morreron os seus pais. Despois da guerra, no ano 1948 fuxiu a Venezuela. “Nesa espera, ao meu carón, había un bebé, un bebé envolto en sabas. Non lembro o seu rostro. O bebé non choraba. Vivía pero non choraba. Mandáronme a recollelo, sabíase que ía morrer, porque ningún bebé puido sobrevivir. Tíñao nos meus brazos. Non choraba, non lle vin o rostro. Ou quizais o vin, pero non lembro agora. Non entendo -ou é que non podo entender- como é que ese bebé se atopaba no piso. Sei que neses tempos horribeis sucedían esas cousas, as nais novas abandonaban ás crianzas, pensando que quizais outros os recollerían e coidarían. Ou pensando en salvar a súa vida, non o sei. Non sei que pensaban. Pero eu tiven a ese bebé nos meus brazos por algúns minutos, non moitos. Non vin o seu rostro. Logo chegou a Gestapo. Dixéronme que deixase ao bebé no piso. Non sei como puiden facer iso, era eu como un autómata”.

Ania viviu nos últimos anos xunto coa súa familia en Caldas de Reis lugar onde fica soterrada.

Baruj Dayan Haemet
Descanse en Paz

30/01/19

A banalidade dos días. Por Pedro Gómez-Valadés

Pedro Gómez-Valadés asinando no libro da memoria en Auschwitz

Pedro Gómez-Valadés
La Voz de Galicia - 30.01.2019

Descoñezo a súa orixe, desde cando existen días dedicados á conmemoración ou celebración dalgún tema de relevancia social. Supoño, que fiando no tempo, estes días virán dos dedicados aos santos e festividades que poboan o noso calendario. De certo, non hai nos 365 días do ano, nin un só que non teña sobre as súas costas unha tarefa, un motivo engadido ao seu simple uso temporal. Sendo normalmente organismos internacionais os que determinan datas para lembrar, concienciar á cidadanía dos máis diversos motivos.

E un ano máis, xurdindo no medio da friaxe dos primeiros días do calendario, xa desde o ano 2005 cando a Asemblea Xeral de Nacións Unidas estableceu os 27 de xaneiro (día no que as tropas soviéticas liberaron o campo de exterminio de Auschwitz) chéganos a xornada dedicada internacionalmente á memoria das vítimas do Holocausto. Febre xenocida que na barbarie infame que asolou as Europas nos anos 30 e 40 do século pasado, levouse por diante a seis millóns de xudeus culpables todos eles de seren... xudeus.
 

Fixar unha data ten unha formidable carga positiva de concienciación, pero ten tamén un importante risco, o de por mor da ritualización, banalizar con superficialidade actos e actividades que perden así vigor social á forza de transitalos sen poñer o necesario corazón no evento. O día do Holocausto é un día cunha carga emocional, social, ética, enorme. Porque é un día sementado coas almas de millóns de seres humanos asasinados na profundidade da nosa civilizada Europa, soterrados en anónimas fosas comúns ou nos cadaleitos de negro fume negro dos ceos travestidos en cemiterios.

Conmemorar este día e facer xustiza para cos mortos e para con nós mesmos. Porque nós non fumos responsables de semellante exercicio de bestialidade ao servizo do exterminio industrial. Pero nós, si seremos responsables se o feble facho da memoria se chegara a extinguir. Porque os Balcáns, Ruanda, Darfur, o xenocidio do pobo rohingya, do pobo yazidí.. son as probas de que o virus do fanatismo criminal continua vivo no mundo e xa que logo, lembrar, non esquecer o Holocausto de seis millóns de xudeus é unha vacina e un antídoto contra a resurrección dos fantasmas que teimudos néganse a desaparecer da historia.

Ver orixinal:

Declaración Institucional do Parlamento de Galicia con motivo do Día Internacional en Memoria das Vítimas do Holocausto





Solemne Declaración Institucional do Parlamento de Galicia con motivo do Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria das Vítimas do Holocausto,


Declaración esta que foi lida hoxe polo presidente da cámara D.Miguel Ángel Santalices na primeira Sesión Plenaria do ano 2019.


#We Remember    #NosLembramos



26/01/19

Imaxes do acto polo Día do Holocausto en Santiago de Compostela




Imaxes do acto que co gallo do Día Internacional de Recordo das Vítimas do Holocausto, tivo lugar onte no salón nobre do Pazo de Fonseca da USC. Acto solemne organizado pola nosa asociación e a Comunidade xudía B'nei Israel coa magnífica e inestimable colaboración da Universidade de Santiago de Compostela (USC).
                                 #WeRemember #NosLembramos